El paraíso perdido
El paraíso perdido Para crear más Ángeles, si fueron cuando menos
Obra suya—, o por torturamos más aún,
Decidió implantar en nuestro espacio
Una criatura que formó con tierra, y otorgarle,
Exaltada de un origen tan abyecto,
Celestiales hurtos, hurtos nuestros. Decretándolo,
Lo hizo; al hombre hizo, y por él creó
Magnífico este mundo, con la Tierra por su asiento,
Proclamándolo Señor y, ¡oh indecencia!
Sometiendo a su servicio el ala angélica
Y flamígeros ministros que custodien, cuiden
Al terroso tutelado. De éstos temo vigilancia
Y por eludirla, de este modo envuelto en niebla
Y vapor de medianoche fluyo oscuro, escrutando
Cada arbusto, helecho, donde acaso encuentre,
Dormitando, a la serpiente, en cuyo dédalo de anillos
Ocultarme y a mi negra empresa dar efecto.
¡Oh inmundo abatimiento! Yo, que contendía
Con los Dioses por sentarme más arriba, reducido
Ahora a bestia y con el légamo bestial mezclado,
Encarnar y embrutecer mi propia esencia,
Que a la cumbre aspiró de la Deidad;