El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas la ambición y la venganza ¿a qué no
Caerán? Quien tanto aspira debe rebajarse
Cuanto quiso alzarse, antes o después sujeto
A cosas despreciables. La venganza, si primero dulce,
Pronto sobre sí amarga retrocede;
¡Sea! Qué me importa, si hace blanco
—Ya que fallo apuntando alto— en ese que después
La envidia me provoca, este nuevo favorito de los Cielos
Esta arcilla hecha hombre, hijo del desprecio,
Que por despreciarnos más alzó del polvo
Su Creador: odio, pues, mejor al odio paga».
Hablando así, reptando por las matas,
Húmedas o secas, como negra niebla, prosiguió
Su búsqueda nocturna por hallar más pronto
La serpiente. La encontró por fin en sueño hondo,
Laberinto ensortijado de incontables vueltas,
Su cabeza en niebla, bien nutrida de sutiles mañas;
No aún en hórrido sombraje, o antro lóbrego,
No nocente todavía: en la yerba dormitaba
Sin temor y no temida. Por su boca entró
El Demonio y poseyendo su brutal sentido