El paraíso perdido
El paraíso perdido En cabeza o corazón nada tarda en inspirarle
Acto inteligente. Mas su sueño no turbó,
Aguardando oculto que llegase la mañana.
Ahora, cuando Luz sagrada comenzaba a alborecer
En el Edén, tocando húmedas las flores, que exhalaban
Matinal incienso; cuando toda cosa que respira,
Desde el gran altar terrestre, elevaba loa silenciosa
Al Creador, colmando sus sentidos
De perfumes gratos, emergió el humano par
Y su vocal adoración al coro unió de criaturas
Faltas de la voz; disfrutan, hecho esto,
La mañana, su primicia de dulcísimos aromas, brisas;
Luego tratan de qué modo ese día dedicarse
A sus quehaceres en aumento, pues abruman
Ya las manos encargadas de Jardín tan grande.
Y primero dice Eva a su consorte:
«Adán, por más que trabajemos sin cesar
En el Jardín, cuidando siempre cada planta, yerba, flor,
Grato afán que compartimos, hasta que más manos
Nos ayuden, la tarea encomendada crece,
Exuberante por carencia. Lo frondoso que de día
Rodrigamos o podamos, una noche tarda o dos