El paraíso perdido
El paraíso perdido Al estar tú sola, cosa que a los dos al tiempo,
Aunque audaz, el enemigo no la intentaría,
O intentándola, primero en mí su ataque recaería.
Tampoco subestimes su malicia y falsas mañas,
Pues ha de ser sutil quien pudo embelesar
A tanto Ángel, y no tengas por trivial la ayuda ajena.
Por influjo tuyo al verte logro yo
Incremento en mis virtudes, en presencia tuya
Soy más sabio, más atento, fuerte, si es precisa
Fuerza externa; mientras la vergüenza, estando tú,
Vergüenza de que me venciese o subyugase,
Alzaría en mí vigor supremo, en ambos lo alzaría.
¿Por qué no sentirías dentro tú lo mismo,
Yo presente, y no has de ser probada junto a mí,
Pues qué mejor testigo de la prueba a tu virtud?».
Esto dijo Adán, doméstico, con cariño
Y marital amor; mas Eva, que creyó
Subestimada su lealtad sincera,
De este modo respondió, con dulce acento:
«Si tal estado el nuestro, residir así