El paraíso perdido
El paraíso perdido De Dios las ordenó; su mano creadora
Nada deficiente o imperfecto nos dejó
De todo lo creado, menos todavía el hombre
O algo que pudiera asegurar su estado venturoso,
Asegurarlo contra fuerza externa; dentro de él
El riesgo yace, pero yace en su poder:
En contra de su voluntad no puede ser dañado.
Mas libre Dios dejó la voluntad; lo que obedece
La razón es libre, y la razón la hizo recta;
Mas le ordena vigilar y siempre estar derecha,
Que admirada por un bien hermoso y aparente
No disponga en falso y a la voluntad confunda
Para hacer lo que el Señor prohibió patente.
No pues desconfianza, sino tierno amor prescribe
Que te cuide habitualmente y que tú me guardes.
Firmes subsistimos, aunque es posible vacilar
Pues no imposiblemente la razón acaso encuentre
Un objeto traicionero por el enemigo sobornado
Y se hunda descuidada en el engaño
No observando estricta guardia, como fue advertida.
No busques pues la tentación, que fuera preferible
Evitar y que mejor evitarías si de mí
No te alejaras: pruebas llegarán sin ser buscadas.
¿Aquilatar querrías tu constancia?, prueba