El paraÃso perdido
El paraÃso perdido Antes tu obediencia; la otra ¿quién podrá saberla,
No mirándote tentada?, ¿quién será testigo?
Mas si crees que prueba no buscada puede hallarnos
Más seguros de lo que pareces advertida,
Ve, pues quedándote forzada más te ausentas;
Ve en tu inocencia innata, cuenta
Con lo que posees de virtud, invócalo completo:
Dios en ti su parte ha hecho; haz la tuya tú».
Esto el Patriarca Primordial; mas Eva persistió,
Si bien sumisa, y repuso perentoria:
«Con permiso tuyo, pues, y asà advertida
Por lo que tus últimas palabras, sobre todo, rozan sólo,
Que la prueba, cuando menos perseguida
Puede acaso hallarnos mucho menos listos,
Voy más decidida, y no espero demasiado
Que enemigo tan altivo busque antes al más débil;
Si eso hiciera, más vergüenza habrÃa en su fracaso».
Hablando asÃ, su mano de la mano marital
Suavemente quita y como ninfa nemorosa,
DrÃade u Oréade, o del séquito de Delia[274],
A los bosques fue, mas a Delia misma