El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas el ígneo Infierno que arde siempre en él,
Aunque en mitad del cielo, pronto puso fin a su deleite,
Y con mayor tormento, cuanto más contempla
Los placeres no ordenados para él: luego, pronto
Odio fiero recolecta y todas sus ideas
De perjuicio, saludándolas, así excita:
«Pensamientos, ¿dónde me lleváis, con qué suave
Compulsión así arrobado por que olvide
Lo que aquí nos trajo: odio, no el amor, ni la esperanza
De un Edén para el Infierno, ni esperanza de gustar
Aquí el placer, sino el placer entero destruir
Menos el que en destruir reside, pues otro gozo
Para mí no hay ya. Así, no deje yo que pase
La ocasión que ahora me sonríe: ve ahí sola
La mujer, expuesta a todo asalto;
Su consorte (pues veo lejos el entorno) no aparece:
Su intelecto más excelso yo rehuyo,
Y su fuerza, de coraje más brioso, y de miembro
Hecho heroico, aunque de terrestre molde,
Enemigo no insignificante, de lesión exento,
No así yo; tanto ha degradado el Tártaro