El paraíso perdido
El paraíso perdido Y el dolor debilitado lo que fui en el Cielo.
Ella bella, y divinamente, para amor de Dioses,
No terrible, aunque hay terror en el amor
Y la belleza, si no la iguala odio más potente,
Odio más potente, bajo capa de un amor fingido,
Vía que ahora tomo hacia su ruina».
Esto dijo el Adversario de los hombres, recluido
En la serpiente, avieso huésped, y hacia Eva
Enfiló, no con sinuoso movimiento,
Prono en tierra, como ahora, sino engrifado,
Sobre base circular de anillos que se alzaban
Pliegue sobre pliegue como dédalo creciente,
Encrestada la cabeza, mas carbúnculo sus ojos;
Con bruñido cuello de oro verde, erecta
Entre sus espiras, que en la yerba se movían,
Flotadura redundante: era grata su figura
Y amorosa, nunca desde entonces hubo sierpe
Más bonita: no ésas en Iliria en que Hermione
Y Cadmo[280] se cambiaron, o el Dios
En Epidauro[281]; ni esas otras cuya forma
Jove Amonio, o el Capitolino, asumieron:
El primero con Olimpia, el segundo con aquella
Que parió a Escipión, de Roma cumbre[282]. Al principio
De soslayo, como alguien que buscase acceso
Mas temiese interrumpir, urde él camino.
Como barco maniobrado por piloto diestro