El paraíso perdido
El paraíso perdido Cerca de fluvial desagüe o cabo, donde el viento
Vira presto, y tan presto vira él y muda velas,
Así variaba la Serpiente y de su cola tortuosa
Retorcía sus anillos caprichosos a la vista de Eva,
Para cautivar sus ojos. Ocupada ella, oyó ruido
De hojas susurrantes: no hizo caso, habituada
A recreos tales por los campos, en presencia suya,
De las bestias, más sumisas a su voz
Que la piara disfrazada a la voz de Circe[283].
Más audaz ahora, no llamado, ante ella se plantó,
Mas como pleno de embeleso; doblegaba sin cesar
La cresta alminarada y cuello nacarino,
Zalamero, y lamía el suelo que pisaba ella.
Su gentil, callado gesto atrajo al fin
Hacia sus juegos la mirada de Eva; él, contento
De ganarse su atención, con viperina lengua
Instrumental o golpe de aire oral
Su fraudulenta tentación así ya empieza:
«No te asombres, soberana, si es que puedes,
Siendo como eres sólo asombro; mucho menos armes
Tu mirada —cielo de dulzura— de desdén,
Molesta al acercarme de este modo y observarte