El paraíso perdido
El paraíso perdido Sin saciarme; heme solo aquí, sin temer
Tu rostro turbador, más turbador aquí apartado.
Bellísima semblanza de tu bello Autor,
A ti toda cosa viva te contempla, toda cosa tuya
Por su don, y tu belleza celestial adora
Al mirarla con arrobo, ahí mejor mirada
Si la admira el universo; mas aquí
En este predio agreste, entre estas bestias,
Observantes toscos, incapaces de apreciar
Ni la mitad de tu hermosura, tu hombre aparte,
¿Quién te ve? (¿y qué es uno?), cuando verte deberían
Como Diosa entre los Dioses, adorada y asistida
Por los Ángeles innúmeros, tu séquito diario».
Así adulaba el Tentador, templando su proemio.
Le llegaron sus palabras a Eva al corazón,
Aunque su voz la maravilla; por fin,
No sin asombro, de este modo le responde:
«¿Qué es esto? ¿Lengua humana que pronuncia
Lengua bruta, y expresando humana concepción?
La primera de éstas cuando menos la creí negada
Al animal, que Dios, el día de Creación,
Creó, para el sonido articulado, mudo;
Del segundo dudo, pues en sus miradas