El paraíso perdido
El paraíso perdido Junto a una fuente, ya pasado un arbustillo
De exhalante mirra y bálsamo. Si aceptas
Que te guíe, puedo hacer que llegues pronto».
«Guía pues», dijo Eva. Él guiando rápido rodó
Embrollado, haciendo parecer derecho lo intrincado,
Rápido al estrago. La esperanza eleva y le ilumina
El júbilo la cresta, como cuando fuego peregrino,
Hecho de vapor oleaginoso, que en la noche
Se condensa y frío envuelve alrededor,
Prendido como llama por temblor del aire,
Que a menudo, dicen, mal espíritu acompaña,
Volandero y refulgiendo con tramposa luz,
Aparta de su senda al noctivago aturdido
Hacia ciénagas y tremedales, y por charcas y lagunas
Que lo engullan para siempre, del socorro tan lejano.
Así fulgía la temible Sierpe y al engaño
Conducía a Eva, nuestra madre crédula, al Árbol
De la prohibición, raíz de todas nuestras penas;