El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas al verlo, de este modo al guía le habla ella:
«Serpiente, bien habríamos hecho no viniendo,
Infructífero paseo, aun habiendo fruto aquí abundante:
El crédito de su virtud en ti reposa,
Milagroso, cierto, si produce efectos tales.
Mas este árbol no podemos ni tocarlo ni gustarlo;
Dios así lo ordena, y dejó tal orden
Como hija sola de su voz[284]; en lo demás, forjamos
Nuestra ley, y nuestra ley es la razón».
A lo que el Tentador repuso malicioso:
«¿De verdad? ¿Ha dicho Dios, pues, que del fruto
De estos árboles del Paraíso no podéis comer,
Mas os declara Amos de la tierra toda o aire?».
A quien Eva, todavía inmaculada: «Frutos nos permite
De cualquiera de los árboles en el Jardín,
Mas del fruto de este bello Árbol que hay en medio
Del Jardín, ha dicho Dios: “No probaréis
De él, tampoco lo toquéis, no sea que muráis”».
Apenas lo dijera, breve, cuando más audaz ahora