El paraíso perdido
El paraíso perdido Que comáis de él, vuestros ojos, que parecen claros
Mas son turbios, se abrirán entonces,
Claros por completo, y seréis cual Dioses,
Del Bien y Mal conocedores como ellos.
Que seáis vosotros Dioses, si hombre yo,
Hombre interno, expresa proporción:
De bruto yo a humano; de humanos, Dioses.
Así, quizá muráis después de todo, desnudándoos
Del hombre por vestir al Dios: deseable muerte,
Aunque usada por coacción, no trayendo fin peor.
¿Y qué son los Dioses, que no pueda ser el hombre
Igual, si participa de divinos alimentos?
Los Dioses fueron antes y usan su ventaja
Para convencernos de que todo viene de ellos.
Yo lo dudo, pues veo esta Tierra bella
Calentada por el Sol, gestando toda especie:
Ellos nada. Si ellos todo, ¿quién guardó
En este Árbol el Saber del Bien y el Mal,
Que así quien come de él, de súbito consigue
Conocer sin su permiso? ¿Y dónde está
La ofensa, en que el hombre sepa?
¿En qué lo dañaría vuestra ciencia, o este Árbol