El paraíso perdido
El paraíso perdido No formada para el habla, a no callar tus méritos:
Tus méritos tampoco oculta de nosotros
Quien prohíbe que te usemos, al llamarte Árbol
De la Ciencia, ciencia que es del Bien y Mal al tiempo.
Nos prohíbe pues probarte, mas prohibiéndote
Incita más a ti, haciendo tan patente el bien
Que tú confieres, y nuestra propia falta de él:
Pues bien ignoto es bien ausente y, si presente
E ignorado, es cual si faltase totalmente.
En plata pues: ¿qué nos prohíbe conocer?
¿Prohíbe el bien, ser sabios nos prohíbe acaso?
Prohibiciones tales no sujetan. Mas si muerte
Nos sujeta con resultas, ¿qué aprovecha entonces
Libertad interna? En el día que comamos
De este bello fruto, nuestro sino es muerte.
¿Cómo muere la serpiente? Ha comido y vive,
Y conoce, habla, reflexiona y juzga, irracional
Que fue hasta entonces. ¿Por nosotros sólo
Fue la muerte concebida? ¿O a nosotros denegado
Este intelectivo nutrimento, reservado para bestias?
Para bestias se diría; pero esa que primero