El paraíso perdido
El paraíso perdido Cada cosa en esta Tierra; y otras cuitas, puede,
Hayan distraído de incesante vigilancia
Al gran Interdictor, a salvo allí con todos sus espías
Rodeándolo. Mas ¿de qué modo ante Adán
Me mostraré? ¿Habré de revelarle
Mi presente cambio y darle a compartir
Conmigo la total felicidad?, ¿o guardaré mejor
Los beneficios de la ciencia en mi poder
Sin copartícipe, por agregar lo que le falta
A la mujer y más amor así atraerme?
Y hacerme de este modo más su igual,
Y acaso —no trivial— incluso a veces
Superior: pues, si inferior, ¿quién es libre?
Esto sí es plausible, pero ¿qué si Dios ha visto
Y la muerte sigue? Perdería el ser entonces
Y mi Adán, a otra Eva unido,
Viviría disfrutando de ella, extinta yo,
Que es muerte imaginarlo. Decido pues así:
Adán compartirá conmigo dicha o pena,
Tanto lo amo yo que con él cualquiera muerte
Sufriría; mas sin él no hay vida que viviera».
Dicho esto se alejó del Árbol, mas primero
Hizo honda reverencia, como si al poder
Que allí moraba, cuyo espíritu infundiera