El paraíso perdido
El paraíso perdido En la planta sabia sapiencial, del néctar
Derivada, la bebida de los Dioses. Adán en tanto,
Esperando deseoso su retorno, había entretejido
De las flores más espléndidas guirnalda que adornara
Sus guedejas y sus rústicas labores coronara,
Como usan los labriegos con su Reina de la Siega.
Gozo grande en su interior se prometía, nuevas
Diversiones a su vuelta, tanto rato demorada.
Mas sin cesar su corazón, intuyendo cosa mala,
Le fallaba, percibiendo Adán el pálpito indeciso.
Y partió en su busca, por la senda que Eva
Al amanecer siguiera. Junto al Árbol
De la Ciencia había de pasar; allí la halló,
Apenas alejada del lugar: en su mano
Una rama de precioso fruto que afelpado sonreía,
Recién cogido, esparciendo ambrosial perfume.
Hacia él se apresuró, la excusa en su rostro
Como prólogo y apología por apuntador,
Que con palabras blandas presta así empezó:
«¿No te ha sorprendido, Adán, mi dilación?
Te he añorado y se ha hecho largo el rato
En tu ausencia, agonía de mi amor hasta ahora