El paraíso perdido
El paraíso perdido No sentida, no por repetir, pues nunca más
He de probar lo que inconsciente e impulsiva quise,
El dolor de tu distancia. Pero extraña
Fue la causa y escucharla asombra:
Este Árbol no es lo que se dijo, árbol
De peligro si probado, ni a un mal desconocido
Abre su camino, sino cosa de divino efecto
Que los ojos abre y hace Dios de quien lo prueba;
De este modo fue probado: la serpiente sabia,
O no vedada cual nosotros, o no obediente,
Ha comido de su fruto, no muriendo
—Así nos amenazan—, sino desde ese instante
En posesión de voz humana, de sentido humano,
Razona de manera formidable; y a mí
Me resultó tan persuasiva que también
Probé del fruto, como él hallando
Los efectos esperados: ojos más abiertos (turbios antes),
Dilatados los espíritus, el corazón más vasto,
Y ascenso a lo divino, cosa que por ti he buscado
Sobre todo y sin ti podría desdeñar.
Pues es dicha para mí la dicha que compartes;
Mas tediosa, si no, y enseguida despreciable.