El paraíso perdido
El paraíso perdido Así que prueba tú también, que suerte igual
Nos una, dicha igual, como amor parejo;
No sea que al no probarlo, grado diferente
Nos separe y, renunciando tarde yo por ti
Al divino estado, el destino no me deje».
Así Eva con risueña faz contó su historia,
Mas tenía la mejilla ebria amapolada.
Por su parte Adán, tan pronto como oyó
El fatídico delito de Eva, aturdido,
Pálido y atónito se tuvo, mientras frío horror
Corría por sus venas y perdía el cuerpo consistencia.
De su mano flácida cayó el adorno que tejiera,
Desprendiéndose de las marchitas rosas:
Lívido y sin habla se quedó, hasta que al fin
Primero para sí rompió el silencio interno:
«¡Oh creación suprema, última y mejor
De cuantas obras hizo Dios, criatura que superas
Cuanto pueden alcanzar la vista o pensamiento
De divino, santo, bueno, dulce, amable!
¿Cómo te has perdido?, ¿tú perdida de repente,
Deformada, desflorada, ya devota de la muerte?
Más bien, ¿cómo has consentido transgredir
La estricta prohibición, por qué violar
El sacro fruto prohibido? Con perverso fraude,