El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas el pasado ¿quién lo abolirá, o deshará lo hecho?
Ni Dios Omnipotente, ni el destino; sin embargo,
Puede que no mueras, puede que la acción en sí
No sea tan atroz ahora, con el fruto ya probado
Y profanado antes por la sierpe, hecho ya por él
Banal e insanto antes de probarlo el hombre;
Y no demostrado en él mortal, pues vive todavía,
Vive, como dices y, viviendo como hombre,
Gana vida más egregia, fuerte estímulo
Para nosotros, que al probarlo acaso consigamos
Un proporcional ascenso, y ¿cuál
Sino ser Dioses, o Ángeles, o Semidioses?
Y no creo yo que Dios, Creador que es sabio,
A pesar de su amenaza, nos destruya de verdad,
A sus primeras criaturas, elevadas de este modo,
Dueñas de sus obras, que, creadas por nosotros,
Hechas dependientes, al caer nosotros
Se hundirían. Dios tendría así que descrear,
Frustrarse, hacer y deshacer, perder lo hecho,
Cosa poco concebible en él, cuyo poder,
Aunque capaz de repetir lo que creó, será reacio
A derogarnos, que no diga victorioso el Adversario: