El paraíso perdido
El paraíso perdido Nos separe, enlazados con amor tan grato,
A afrontar conmigo un crimen, una culpa,
Si los hay, probando de este fruto espléndido,
Cuya virtud —pues siempre bien del bien procede,
Ya directo o incidental— ha dado
Esta prueba venturosa de tu amor, que nunca
De otro modo se mostrara tan sublime.
Si pensara que la muerte presagiada seguirá
A mi tentativa, sola sostendría lo peor
Sin persuadirte; antes moriría abandonada
Que ligarte a mi delito con un acto
Pernicioso para ti y, sobre todo,
Cuando acabas de probarme tan sincero,
Tan leal amor inigualable. Pero siento muy distinto
El resultado: no la muerte, vida incrementada,
Ojos despejados, nuevas esperanzas, nuevos gozos,
Gusto tan divino, que lo dulce que tocara
Antes mi sentido, áspero parece y pobre frente a esto.
De mi experiencia, prueba libre, Adán,
Y el miedo de la muerte líbralo a los vientos».
Diciendo esto, lo abrazó y lloró de dicha
Tiernamente, conmovida por amor