El paraíso perdido
El paraíso perdido Y elegante, de sapiencia no carente,
Pues a cada significación sabor le atribuimos
Y juicioso al paladar llamamos. Yo te rindo
Aplauso, tan bien hoy has proveído.
Gran placer perdimos absteniéndonos
De fruto tan sabroso e ignoramos hasta ahora
El auténtico gozar del gusto; si placer así
Existe en lo prohibido, bien podría desearse
Que en lugar de un árbol nos tuviesen diez prohibidos.
Pero ven, así tonificados, y juguemos
Cual conviene tras ración tan deliciosa;
Porque nunca tu belleza, desde el día
En que te vi y me casé contigo, adornada
De totales perfecciones, ha inflamado tanto mi sentido
Con ardor de disfrutarte: más que nunca
Bella ahora, don de este Árbol virtuoso».
Esto dijo, y no evitó mirada ni caricia
De amoroso intento, comprendidas bien
Por Eva, cuyos ojos irradiaban contagioso fuego.
La mano él le cogió y a una orilla umbría,
Que cubría un denso techo de frondoso verde,
La condujo, anuente. Allí las flores eran lecho,
Asfódelos, violetas, y jacintos, pensamientos,