El paraíso perdido
El paraíso perdido O aun a ti, quizá: de haber estado allí,
O aquí sufrido asalto, no habrías discernido
Fraude en la serpiente, hablando como habló;
Sin raíz de enemistad entre nosotros conocida,
¿Por qué pretender mi mal, buscar dañarme?
¿Es que nunca de tu lado iba a separarme?
Lo mismo daba entonces ser costilla en tu costado.
Siendo como soy, ¿por qué no me ordenaste,
Tú, cabeza, no alejarme en absoluto,
Yendo a tal peligro, como dices?
Demasiado dócil te mostraste, poco te opusiste,
Más incluso, lo aprobaste y permitiste bien contento.
Si te hubieras mantenido firme en tu disenso,
Yo no habría transgredido, ni conmigo tú».
A lo que airado ya, Adán repuso:
«¿Es esto pues amor, la recompensa esta
Del que yo te rindo, Eva ingrata, que probé
Inmutable cuando tú caíste, no yo,
Pudiendo haber vivido con ventura imperecible,
Mas opté, deliberado, por la muerte junto a ti?
¿Y ahora me reprendes como causa
De tu transgresión? No lo bastante rígido,
Parece, en contenerte: ¿qué otra cosa hacer?
Te lo advertí, te lo avisé, pronostiqué peligros,