El paraíso perdido
El paraíso perdido Con deleite viéndome llegar de lejos? No te veo
Y me disgusta, saludado así con soledad,
Donde antes sin pedirlo se mostraba tu deber.
¿O es que te resulto menos perceptible, o qué cambio
Te retiene, o te demora algún albur? Ven ya».
Se mostró él, y con él Eva, más reacia aunque primera
En ofender, perplejos ambos, descompuestos.
Amor no había en sus miradas, ni a Dios
Ni de uno a otro, sino culpa manifiesta,
Más vergüenza, turbación y desespero,
Rabia y odio, obcecación, malicia.
Por lo que Adán, tras largo titubeo, dijo breve:
«Te he oído en el Jardín y por tu voz
Amedrentado, al estar desnudo, me he escondido».
A lo que el Juez piadoso sin reproche replicó:
«Mi voz oías a menudo y no temías,
Te alegraba siempre, ¿cómo se ha tornado
Tan temible para ti? Que estás desnudo, ¿quién
Te lo ha contado? ¿Has comido tú del Árbol
Del que te impuse orden de abstenerte?».
A lo que Adán repuso, de miserias acuciado:
«Oh Señor, en qué angostura mala yo este día