El paraíso perdido
El paraíso perdido De ambos lados hasta Puertas del Infierno:
Así polares vientos cuando adversos soplan
Sobre el Cronio océano juntan poderosos
Hielo amontañado y ciegan la supuesta ruta
Al oriente allén Pechora, hacia la opulenta
Costa de Catay[295]. El suelo aglomerado,
Frío y seco, Muerte con petrífico mazazo
(Cual tridente) lo golpea, anclándolo tan firme
Cual flotante Delos[296] una vez; el resto su mirada
Con rigor gorgonio[297]; estricto inmoviliza,
Y con cieno asfáltico. Tan ancha cual las Puertas,
Honda hasta la raíz del Tártaro, fijaron ellos
Esta playa aglutinada y mole inmensa construyeron
Sobre el piélago espumante, puente en alto arco
De largura prodigiosa que se unía al muro
Inamovible de este mundo, indefenso ahora
Y presa de la Muerte; y de ahí, un amplio paso,
Llano, inocuo, fácil, cuesta abajo hasta el Infierno.
Así, si cosas grandes con pequeñas pueden compararse,
Jerjes, para subyugar la libertad de Grecia,
Desde Susa —su memnonio espléndido palacio—
Vino al mar y sobre el Helesponto