El paraíso perdido
El paraíso perdido Con celosa guardia en su metrópolis, y ya esperaban,
En cualquier momento, al gran aventurero
Del periplo en nuevos mundos. El inadvertido,
Con plebeya estampa de Ángel militante
De bajísimo nivel, cruzó la multitud desde el portal
De aquel plutónico recinto e, invisible,
Ascendió a su alto Trono, bajo palio
De riquísimo tejido, que con regio lustre se elevaba
En la parte más conspicua de la sala. Se sentó
Y estuvo un rato viendo todo sin ser visto:
Al fin, cual de una nube, su cabeza refulgente
Y estelar figura se mostraron (o más brillante todavía),
Revestido de la gloria permitida que la caída
Le dejara, o de falsos resplandores. Todos sorprendidos
Por tan súbito destello, la legión estigia
Vuelve la mirada y al que aguarda reconoce,
Su Caudillo poderoso. Fuerte fue la aclamación,
Veloces acudieron los egregios Pares conciliares,
Levantados del diván oscuro, y con gozo similar
Y gratulantes se acercaron al que con la mano