El paraíso perdido
El paraíso perdido Ya era antigua en las Alturas: estructura milagrosa
De absoluta perfección, y en ella el hombre
Colocado en un edén, por nuestro exilio
Hecho venturoso. A éste con engaño separé
De su Creador y, para más asombro vuestro,
¡De manzana me serví! Pues, ofendido Dios
Por ésta —lo que mueve a risa—, ya reniega
De su amado hombre y su mundo entero,
De Pecado y Muerte presa, y también la nuestra:
Sin peligro, esfuerzo o inquietud, podemos ya
Invadirlo y habitarlo, y en el hombre
Gobernar como él en todo hubiera hecho.
Cierto es que me ha juzgado a mí también; si bien,
No a mí, sino a la sierpe bruta en cuya forma
Al hombre yo engañé: lo que en mí recae
Es enemistad, la que él ha de plantar
Entre yo y el ser humano; yo el talón le dañaré;
Su semilla —cuándo no se ha dicho—, mi cabeza:
¿Y quién no pagaría por un mundo herida,
O dolor más grande todavía? Ya tenéis la crónica
De mis acciones; ¿qué, oh Dioses, queda,
Más que alzaros y acceder al pleno gozo?».