El paraíso perdido
El paraíso perdido Renovando el silbo atroz, en tanto atroz la forma
Por contagio los cambiaba, iguales en castigo
Como en crimen. Así el aplauso pretendido
Explotó en silbido y en vergüenza el triunfo,
Escupida por sus bocas a ellos mismos. Cerca allí
Se alzaba un bosque que brotara con su cambio,
Voluntad del Rey Empíreo para acrecentar
Sus penas, y cargado con hermoso fruto,
Como aquel del Paraíso, el señuelo de Eva
Que empleara el Tentador. En esa vista extraña
Ávidos sus ojos fijan, e imaginan, en lugar
De un único prohibido árbol, una multitud
Alzada ahora para más vergüenza suya y aflicción;
Mas, sufriendo sed ardiente y hambre fiera,
Aunque saben espejismo la visión, no cejan:
Reptan hacia allí a montones y los troncos
Trepan, más tupidos que los nudos serpentinos
De los rizos de Megara[308]. Voraces arrebatan
El frutaje[309] hermoso, como el que crecía
Cerca del bituminoso lago donde ardió Sodoma[310];
Aun más ilusivo éste, no ya al tacto, sino al gusto
Confundía: figurándose los locos aplacar