El paraíso perdido
El paraíso perdido Tiempo antes que naciese el dicteo Jove[311].
Entre tanto al Paraíso demasiado pronto advino
La infernal pareja: antes en potencia allí Pecado,
Una vez en acto, mas ya en cuerpo para ser ahora
Habitante habitual; tras ella Muerte,
Siguiéndola de cerca paso a paso, no montado todavía
En su pálido corcel. Y a Muerte díjole Pecado:
«Segundo brote de Satán, insuperable Muerte,
¿Qué piensas tú de nuestro imperio ahora?;
Aunque ganado con fatiga, ¿no es mejor
Que vigilar sentados el umbral del Tártaro,
Sin nombre que amedrente, y tú famélico?».
El monstruoso Hijo de Pecado presto dice:
«Para mí, que de hambre eterna sufro,
Es lo mismo Infierno, Cielo, o Paraíso,
Mas allí prefiero donde abunda más la presa,
Que aquí, aunque copiosa, muy escasa me parece
Para hartar mis fauces, mi carcasa vasta, abierta»[312].
A lo que la Madre incestuosa le repuso:
«Con estas plantas, pues, y frutas, flores,
Nútrete primero, con las bestias luego, peces, pájaros,
Bocados nada desdeñables, y todo lo que arrase
Tu guadaña, tu Hoz de Tiempo, traga ávido,