El paraíso perdido
El paraíso perdido Hasta que resida yo en el hombre, en su raza entera,
Infectando sus ideas, sus miradas, actos y palabras,
Preparándotelo: última y más dulce de tus presas».
Dicho esto, cada uno fue por su camino,
Ambos para destruir o desinmortalizar
A toda especie, madurarla para destrucción
Más pronta o tarda, que al verlo el Todopoderoso,
Desde su Asiento trascendente entre los Santos,
A los Órdenes brillantes de este modo habla:
«Ved con qué furor avanzan los Perros del Infierno
Para ermar y devastar el mundo aquel, que yo
Creé tan bueno y bello; y lo habría mantenido
Siempre en ese estado, si el humano desatino
No invitara Furias al estrago, que a mí me imputan
Desatino; así también el Príncipe Infernal
Con todos sus secuaces, por dejarlos
Conquistar, tan desenvueltamente, sitio
Tan celeste, pareciendo incluso conspirar
Por dar contento a despectivos adversarios,
Que se ríen, como si llevado por un pronto