El paraíso perdido
El paraíso perdido Estos cambios en los cielos, aunque lentos, produjeron
Cambio igual en mar y tierra, plaga sideral,
Vapores, nieblas, tórridas exhalaciones,
Corruptas, pestilentes. Ahora desde el norte
De la Norumbega y la costa samoyeda[319],
Reventando su mazmorra férrea, armados con helor
Y nieve y el granizo, ráfagas y tempestad,
El Bóreas, Cedas y el Argestes bullicioso
Con el Tracias bosques quiebran, alzan mares;
Con adversa racha los levanta el Noto
Desde el sur y el Áfer negro con tonantes nubes
Desde Sierra Leona. Entre ellos, tan feroces,
Corren vientos de levante y de poniente,
Euro y Céfiro con ruido lateral,
Siroco y el Lebeche[320]. De este modo comenzó el estrago,
De las cosas no vivientes; mas primero la Discordia,
Hija de Pecado, entre los irracionales,
Implantó la Muerte por la fiera antipatía:
Bestia contra bestia tuvo guerra, ave y ave,
Pez con pez; dejando de pacer la hierba,
Devorarse pretendieron uno a otro. Poco al hombre
Respetaron: de él huían o con faz sombría