El paraÃso perdido
El paraÃso perdido Desolada en su lugar sentada, se acercó a su hombre
E intentó palabras dulces que calmaran su pasión;
Mas él asà la rechazó con inclemencia:
«Fuera de mi vista, Sierpe: pues, compinche suya,
Este nombre más te cuadra, como él tan falsa tú
Y odiosa. Nada falta, más que tu figura,
Cual la suya, y un color aserpentado muestren
Tu interno engaño, previniendo a toda criatura
Desde ahora contra ti, que esa forma tan divina,
Tu infernal disfraz, no las seduzca. Por ti peno:
SeguirÃa yo feliz, si, cuando habÃa más peligro,
No desestimaran mi advertencia tu soberbia,
Tu errabunda vanidad, y se ofendieran
Por la falta de confianza, anhelando la mirada
Aun del Diablo mismo, tú tan convencida
De burlarlo, mas, hallando a la Serpiente,
Cautivada y traicionada tú por él, yo por ti,
Que te dejé alejarte, viéndote tan sabia,
Tan constante, tan madura contra todo asalto
Y no entendà que, más que sólida virtud,
Era todo ostentación, era sólo la costilla