El paraíso perdido
El paraíso perdido Impidiendo todo acceso al Árbol de la Vida[332]:
Que no acabe siendo el Paraíso receptáculo
De espíritus inmundos y mis árboles su presa,
Cuyos frutos nuevamente usen como engaño».
Cesó; y el Arcangélico Poder se preparó
Para rápido descenso, y con él la fúlgida cohorte
De Querubes celadores: cuatro rostros cada cual
Tenía, como doble Jano[333], y su forma por entero
Salpicada de ojos, número mayor que tuvo
Argos, más despiertos, menos dados a soñar
Embelesándolos la flauta arcadia, el albogue pastoral
De Hermes, o su hipnótico bordón. Mientras,
Para saludar de nuevo al mundo con sagrada luz,
Leucotea[334] despertó a embalsamar la tierra
Con su fresco aljófar; ya Adán y la primera madre
Terminaran sus plegarias, encontrando
Fuerza procurada desde arriba, esperanza nueva,
Gozo incluso, mas al miedo todo aún sujeto.
Y Adán palabras bienvenidas a Eva dirigió:
«Eva, fácilmente admitirá la fe que todo bien
Que disfrutamos de los Cielos viene;
Mas que de nosotros algo ascienda al Cielo