El paraíso perdido
El paraíso perdido Por sentencia merecida al transgredir,
Hurtada es de su presa muchos días,
Para ti de gracia, en que podrás arrepentirte
Y una mala acción cubrir con múltiple bondad.
Bien puede que, aplacado Dios entonces,
Del voraz imperativo de la Muerte te redima;
Mas que sigas habitando en este Paraíso
No lo acepta. He venido a desterrarte,
Y expulsarte del Jardín a cultivar la tierra
De que fuiste tú formado, suelo más acorde».
Nada ya añadió, pues, al oír Adán las nuevas,
Golpeado el corazón por gélida tristeza,
Desmayó; mas Eva, que entre tanto oculta
Todo oyera, con lamento perceptible,
Reveló enseguida el lugar de su retiro.
«¡Ay golpe inesperado, aún peor que Muerte!
¿Deberé dejarte así, oh Paraíso?, ¿así dejarte,
Suelo natalicio, sombras y veredas venturosas,
Dignas de los Dioses, donde quise ver pasar,
Tranquila, aunque triste, el respiro hasta ese día
Que será mortal para los dos? Oh flores,
Que ya nunca creceréis en otro clima,
Vuestro era mi primer saludo, el adiós postrero
De la tarde; flores que cuidaba con ternura