El paraíso perdido

El paraíso perdido

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Sigue siendo el mismo, pues la causa es la mujer».

«La indolencia afeminada del varón es causa

—Dijo el Ángel— que mejor debiera preservarse

Con sabiduría, y dones se le dieron superiores.

Mas prepárate ya para otra escena.»

Miró pues él y pudo ver un amplio territorio

Ante su vista: pueblos y rurales obras esparcidas,

Las ciudades de los hombres, altas puertas, torres,

Los ejércitos en armas, rostros fieros y belígeros,

Gigantes de potente hueso y bravia hazaña.

Parte blande los aceros, parte frena sus corceles

Espumantes, solos o en guerrera formación

De infantes y jinetes, no para fanfarria ociosa.

Por allí, selecta tropa trae del forrajeo

Unas reses, bellos bueyes y ganado bello

De un pradal hermoso y fértil; o lanoso hato,

Las ovejas, los balantes corderillos, por el llano,

Su botín. Apenas aún con vida huyen los pastores

Y, al pedir auxilio, una lucha fiera se origina.


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