El paraíso perdido
El paraíso perdido Por guiarlos en su viaje y proteger su zaga
Mientras todavía los persiga el obstinado rey.
La noche entera hostigará, incapaz de aproximarse
Por tinieblas interpuestas hasta el alba;
Luego, entre aquel pilar de fuego y nube grande
Dios lo mirará, desquiciando a sus legiones
Y las ruedas de sus carros. Cuando, así ordenado,
Otra vez Moisés la poderosa vara extiende
Sobre el mar, el mar la vara acata
Y retorna el oleaje a las huestes en avance
Anegándoles la guerra: la elegida raza
Ya segura desde el margen a Canaán asciende
Por el bárbaro desierto, no siguiendo ruta recta,
Para que las gentes cananeas, viéndolos llegar,
No los acometan y ellos, inexpertos, por terror
A Egipto vuelvan, prefiriendo antes de eso
Vida indigna y servidumbre; pues la vida es dulce
Para el noble y el innoble indiestro en armas,
Cuando no los precipita el paroxismo.
Esto ganarán también con la demora
Por la vasta paramera: que allí establecerán
Gobierno propio y su gran senado elegirán,