El paraíso perdido
El paraíso perdido Y el hijo de David, famoso por riquezas y saberes[381],
Alojará en glorioso templo la velada Arca del Señor,
En tiendas hasta entonces y errabunda.
Otros seguirán que mostrarán las crónicas,
Algunos buenos, otros malos: éstos, mayoría,
Cuya inmunda idolatría y otras faltas,
Añadidas a la cuenta popular, tanto irritarán
A Dios que los relegará, ofreciendo su país,
Y la ciudad y el templo, el Arca Santa
Y todos sus objetos sacros, como burla y presa,
A la ciudad soberbia cuyos altos muros viste
Quedar en confusión, llamada luego Babilonia.
Allí en cautividad los deja que malvivan
Por espacio de setenta años, luego los retorna[382],
Acordándose de la piedad y de su pacto
Con David, inalterable cual los días de los Cielos.
Vueltos ya de Babilonia por permiso de monarcas,
Amos suyos, que el Señor ablanda, la mansión de Dios
Primero reedifican[383] y, durante un tiempo,
Viven, en pobreza, moderados, hasta que creciendo
En riqueza y multitud se tornan sediciosos.