El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas primero brotan disensiones entre sacerdotes,
Servidores del altar, que más que nadie deberían
Promover la paz. Su pugna contamina
El mismo templo; logran al final hacerse
Con el cetro, desdeñando la progenie de David;
A manos de un gentil lo pierden luego[384], que el auténtico
Y ungido Rey Mesías acabe por nacer
Sin sus derechos. Mas una estrella cuando nace,
Nunca vista en las alturas, manifiesta su llegada
Y conduce a sabios orientales, tras la pista
De este niño, a ofrecer incienso, mirra y oro.
Su lugar de nacimiento Ángel digno lo transmite
A pastores simples, en nocturna vela,
Que contentos pronto allí concurren, a escuchar
El cántico ofrecido por escuadra angélica.
Una Virgen es su madre, mas su padre
El Poder de Dios Altísimo: él ascenderá
Al Trono hereditario y pondrá a su reino por confines
De la Tierra el horizonte; a su gloria, los del Cielo».
Y cesó al percibir a Adán tan lleno de alegría
Cual dolor igual en llanto antes lo sumiera,