El paraíso perdido
El paraíso perdido Casi sin palabras, que por fin logró exhalar:
«¡Oh Profeta de las gratas nuevas, portador
De la esperanza suma! Ahora entiendo claramente
Lo que aun con terca mente en vano investigué,
Por qué ha de ser llamada nuestra gran expectativa
La Semilla de Mujer: Virgen Madre, salve,
Alta en el amor del Cielo, mas de mis riñones
Tú procederás y de tu seno el Hijo del Señor
Altísimo: que Dios así se une al hombre.
Espere ahora con mortal dolor su golpe capital[385]
La Sierpe: dime ¿cuándo y cómo lucharán?
¿Qué herida causará el Maligno al talón del Víctor?».
A lo que así Miguel: «No imagines su pelea
Como un duelo, ni locales las heridas
En talón o testa; pues no por ello liga el Hijo
Con lo humano lo divino, por domar al adversario
Con más fuerza; ni tampoco de este modo a Satanás
Se le derrota, a quien caída de los Cielos más letal
No impidió asestarte tu lesión de muerte;
Lesión la tuya que quien llega curará, tu Salvador,
No por destruir a Satanás, sino sus obras