El paraíso perdido
El paraíso perdido En ti mismo y tu semilla; y ello no podría realizarse
Sin cumplir aquello en que faltaste tú:
Obedecer la ley de Dios, impuesta
Bajo pena de morir, y padeciendo muerte,
Pena que le fue prescrita a tu pecado,
Y también prescrita a quienes provendrán de ti:
Pues sólo así la altísima justicia es reparada.
La ley de Dios, precisa, él satisfará, por obediencia
Y por amor al tiempo, aunque solo ya el amor
La ley complace. Tu castigo él sufrirá
Descendiendo de los Cielos a la carne,
A una vida de reproches y una muerte maldecida,
Proclamando vida a todo aquel que crea
En su acto redentor; y que su obediencia, transferida,
De ellos se hace por la fe; y que sus méritos
Los salvarán: no, aunque de ley, los de ellos.
Vivirá por esto odiado, contra él blasfemarán,
Será tomado por la fuerza y condenado a muerte,
Una horrible y vergonzosa, en la Cruz clavado
Por su propio pueblo, por traer la vida asesinado.