El paraíso perdido
El paraíso perdido Después de la resurrección no por mucho seguirá
En la Tierra, tiempo sólo suficiente en que mostrarse
A sus discípulos, los hombres que en su vida
Siempre lo siguieron. A éstos dejará encargados
De instruir a las naciones en lo que él les enseñó,
Su salvación; de bautizar a los que crean
En las aguas presurosas, signo de lavarlos
De la culpa del pecado y entregarlos a la vida
Puros, en sus mentes preparados, por si llega el caso,
Para muerte similar a la que tuvo el Redentor.
A todas las naciones instruirán, pues desde ese día
Ya no sólo a hijos de los lomos de Abraham
La salvación habrá que predicarles, sino a los hijos
De la fe de Abraham, por todo el mundo:
En su semilla, todas las naciones se bendicen.
Luego al Cielo de los Cielos él ascenderá
Con triunfo, subyugando, a su paso por los aires,
A enemigos de él y tuyos; ahí sorprenderá