El paraíso perdido
El paraíso perdido A la Sierpe, Príncipe del Aire, arrastrándolo en cadenas
Por su reino entero y dejándolo confuso;
Luego accederá a la Gloria, sentándose de nuevo
A la diestra de Dios Padre, grandemente enaltecido
Sobre todo Nombre empíreo, y de allí vendrá,
Cuando este mundo esté por disolverse,
A juzgar, con Gloria y Poderío, a los vivos y los muertos,
Sentenciando a muertos indevotos, mas premiando
A sus devotos, que recibirá en la dicha,
Ya en el Cielo o en la Tierra, pues la Tierra entonces,
Toda ella un Paraíso, mucho más feliz será
Que el del Edén, con días mucho más felices».
Así habló Miguel Arcángel y pausó después,
Llegado al gran periodo de este mundo; nuestro padre,
Lleno entonces de portento y dicha, le repuso:
«¡Oh bondad inmensa, bondad ilimitada!
Que tanto bien y tan completo el mal produzca
Y que el mal en bien convierta: ¡más maravilloso es