El paraíso perdido
El paraíso perdido Dormitando como en valles del Empíreo?
¿O en esta abyecta pose habéis jurado
Adorar al Vencedor, que ahora contempla
Querube y Serafín a la deriva en la corriente
Con las armas y estandartes esparcidos,
Hasta que sus raudos batidores a las Puertas de los Cielos
Noten la ventaja y desciendan a humillarnos,
Así desfallecidos, o con rayos sucesivos
Nos transfijen, arrojándonos al fondo de este Abismo?
¡Despertad, en pie, o quedad postrados para siempre!».
Lo oyeron ellos y, azorados, levantaron al instante
El vuelo, como hombres que, hechos a velar
La guardia mas hallados adormidos por quien temen,
Se incorporan y se cuadran antes aun de despertar.
Y no ignoraban la afligida situación
En la que estaban, ni eran insensibles al suplicio,
Mas la voz de su Caudillo pronto obedecieron,
Incontables. Como cuando la potente vara
Del Hijo de Amrán, el día infausto de Egipto,