El paraíso perdido
El paraíso perdido Y los otros femeninos. Pues, según les place,
Uno u otro o ambos sexos tienen los Espíritus; tan tenue
E incompuesta es su Esencia pura,
No ligada ni trabada a miembro ni juntura,
No fundada en la frágil fuerza de los huesos,
Como la onerosa carne: en la forma que eligen,
Ya compacta o dilatada, fúlgida u oscura,
Ejecutan sus sutiles intenciones,
Realizando obras ya de amor, ya hostiles.
Por ellos la Estirpe de Israel abandonó a menudo
Su Fuerza Viva, y dejó desierto
Su altar legítimo, postrándose humilde
Ante ídolos bestiales; y por ello sus cabezas,
Humillándose lo mismo en la batalla, se rindieron
A la lanza de enemigos despreciables. Vino en tropa
Con éstos Astoreth, llamada por Fenicia
Astarté, del Cielo Reina, con sus cuernos alunados:
A su imagen esplendente, en las noches bajo el astro,
Vírgenes sidonias le brindaban votos y canciones;
No ignorada en Sión tampoco, donde ostentaba