El paraíso perdido
El paraíso perdido Miríadas de Espíritus privados por su falta
De los Cielos y de eternos esplendores expulsados
Por su rebelión, mas fieles a Satán
En su agostada gloria: como cuando el fuego del Empíreo
Abrasa robles en el bosque o pinos de montaña
Y, desnudo el tronco, con la copa incinerada, se alzan
Soberanos en el yermo devastado. Él ahora se dispuso
A hablar; se curvan sus columnas de ala a ala
Envolviéndolo en un arco con sus Pares:
La atención los tiene mudos.
Tres veces prueba y tres, aun a pesar del odio,
Lágrimas le brotan, que los Ángeles lloran: por fin,
Un trenzado de palabras y suspiros halla el cauce.
«Oh miríadas de Espíritus eternos, oh Poderes
A quienes sólo el Omnipotente iguala; y esa lucha
No fue deshonrosa, aunque atroz su desenlace,
Como este sitio testifica y nuestro cambio atroz
Que es odioso declarar: mas ¿qué poder del intelecto,
Al prever o presagiar aun desde simas de saber