Paraiso perdido
Paraiso perdido Aquél del Trueno… y hasta entonces ¿quién creyó
Sus armas tan atroces? Pero no por ellas,
Ni por lo que el Víctor formidable en su furor
Pudiera aún causarnos, me arrepiento o cambio
(Si bien cambiada en lustre externo) esta mente fija
Y mayúsculo desprecio —fruto de herido mérito—
Que contender me hizo con el más potente,
Arrojando a la fiera controversia
Fuerzas incontables de Espíritus armados
A los que afligía su reinado y, prefiriéndome,
Su poder supremo con poder adverso confrontaron,
En dudosa liza en los Campos del Empíreo,
Haciéndole temblar el Trono. ¿Qué, si cejamos?
No todo está perdido; la inconquistable voluntad
Y planes de venganza, odio inmortal
Y un coraje que jamás se rinde o cede:
¿Y qué otra cosa es no estar vencido?
Esa gloria nunca su ira o su poder
Tendrán de mí. Doblarme y pedir merced