Paraiso perdido
Paraiso perdido Con rodilla suplicante, y su poder deificar
Quien con terror, el de este Brazo, hace poco
Cuestionó su imperio, eso sí sería miserable;
Eso sí sería una ignominia y deshonor, aparte
De ruina, puesto que el destino impide flaquear
La fuerza de los Dioses y esta empírea substancia;
Puesto que por la experiencia de este lance
—En armas no peores, mas en previsión mejores—
Con próspera esperanza cabe disponer
Librar por maña o fuerza eterna guerra
Inconciliable contra nuestro fiero enemigo,
Que ahora triunfa y en el colmo de su gozo,
Reinando solo, es la Tiranía del Cielo».
Así habló el angélico Apóstata, aunque en dolores,
Jactándose en voz alta, dentro desgarrado;
Y así le respondió enseguida su amigo bravo:
«Oh Príncipe, oh Caudillo de incontables Tronos[65]
Que guiaste a la batalla ejército de Serafines
A tus órdenes y, con temibles destemidas