Paraiso perdido
Paraiso perdido Derrama el astro rayos cenitales —ahora
Los irradia recto arriba— y ninguna sombra cae
Alrededor de un cuerpo opaco, y el aire,
Nunca tan hialino, agudizaba el haz de su visión
Hasta objetos muy distantes, por lo que enseguida
Vio de pie en el horizonte un glorioso Ángel,
Y era el mismo que en el Sol vio Juan también[172]:
La espalda vuelta, mas no oculto su esplendor.
Áurea tiara de solíferos rayos le circunda la cabeza
Y no brillan menos sus guedejas por detrás,
Cayéndole en los hombros emplumados
Y ondulando alrededor: en un gran cambio absorto
Parecía, o fijo en profunda reflexión.
Alegró aquello al impuro Espíritu, con esperanza
De encontrar quién guiase su errabundo vuelo
Al Paraíso, sede venturosa de la humana criatura:
Fin de su periplo, y de nuestros males el principio.