Paraiso perdido
Paraiso perdido Lo perdieron ya: alguno de la turba desterrada,
Temo, llega aventurado del abismo
Con repuesta inquina: tú procura hallarlo».
Y el guerrero alado así le respondió:
«Uriel, que tu perfecta vista en el círculo radiante
Del Sol donde te sientas vea tanto y tan distante
No es extraño: esta puerta nadie cruza, que eluda
La patrulla aquí emplazada; seres sólo amigos
Que descienden de los Cielos; y de allí,
Tras la hora meridiana, nadie vino: si Espíritu distinto,
Así inclinado, a propósito saltó este cerco terrenal,
Muy difícil —ya lo sabes— es frenar
Con muro corporal la espiritual substancia.
Mas si dentro del circuito de estas rondas
Ése del que hablas se halla, en una u otra forma,
Lo sabré ya cuando llegue el alba».
Tal le prometió y Uriel volvió a su puesto
En aquel brillante rayo, cuya punta ahora alzada