Paraiso perdido
Paraiso perdido Le llevó por cuesta abajo al Sol, caído ahora
Más allá de las Azores; bien que el Orbe principal,
Increíblemente rápido, hubiese allí rodado,
Diurno, o esta Tierra menos rotatoria,
Con un vuelo corto al este, lo hubiese allí dejado
Ataviando de reflejos oro y púrpura
Las nubes que lo escoltan en su Trono occidental[197].
Avanzó la tarde calma todavía y el gris ocaso
Puso a toda cosa su librea sobria;
El silencio lo siguió, pues las bestias y las aves
—Al herboso lechó unas, a sus nidos otras—
Se escurrieron, todas salvo insomne el ruiseñor;
Éste su amorosa melodía cantó la noche entera;
El silencio lo gozó. Ahora el firmamento fulguró
Con vívidos zafiros: Héspero[198], que guiaba