Paraiso perdido
Paraiso perdido Mañana, el fresco amanecer que el este raya
Con la luz naciente, debe hallarnos levantados
Y aplicados a la plácida labor: podar
Aquellas flores trepadoras y veredas verdes,
Nuestra senda al mediodía, que invade la hojarasca
Desdeñando nuestra escasa manicura y pide
Aún más manos que cercenen el voluble crecimiento.
Y así aquellas flores y resinas goteantes
Que yacen esparcidas sin concierto
Piden orden, si hemos de pasar tranquilos.
Mientras, lo quiere la Natura, nos trae la noche pausa».
A lo que Eva, de ideal belleza ornada:
«Mi Autor y Dueño, lo que mandas
Yo sin réplica obedezco; Dios así lo ordena:
Dios tu ley; tú la mía: nada más saber
Es de fémina el saber más grato, y su virtud.
Al hablar contigo olvido el tiempo,
Toda hora y todo cambio me deleita por igual.
Dulce el hálito de la mañana, dulce su romper
Con cantar de pájaros tempranos; grato el Sol
Al extender por este reino venturoso